Al comisionarme esta obra, los intérpretes me propusieron inspirarme de forma abstracta en la serie fotográfica Arena, sol y viento, tomada por Lina Bastidas en La Guajira, al norte de Colombia. Esta región, habitada por la comunidad indígena wayuu, ha sido fuertemente afectada por conflictos socioambientales derivados de la extracción de carbón por parte de multinacionales, lo cual ha implicado desplazamientos forzados y el desvío de fuentes de agua esenciales para la vida local.
La pieza surge de una reflexión sobre las tensiones entre lo urbano y lo rural, entre modelos de progreso y otras formas de habitar el mundo. Me interesaba acercarme a las problemáticas de esta comunidad y a ciertos aspectos de su universo sonoro, pero no desde la representación directa. Algunos timbres, tanto en la electrónica como en la instrumentación, se inspiran libremente en instrumentos tradicionales wayuu. Las secciones de la obra oscilan entre pasajes de tempo libre y carácter casi vocal, como un lamento, y otras de ritmo más marcado y texturas rítmicas.
En la parte instrumental quise explorar las posibilidades expresivas del contrabajo solo utilizando contrastes de registros y técnicas de producción sonora. Para ambos instrumentistas quise dar libertad para la construcción de algunas secciones empleando cajas de materiales para que los intérpretes interactúen con cada una de las pistas electrónicas.